¿Cómo dirías que ha sido tu vida?
A veces, el estrés, la madurez o los problemas
nos hacen olvidar que hemos vivido.
Siempre tienes algo que hacer, algo en que
pensar, algún problema que arreglar.
Y se te olvida vivir.
Pero un buen día llega ese momento en que,
casi sin darte cuenta, te dejas llevar y recuerdas.
Y vives.
Los recuerdos son imágenes, situaciones estáticas
que permanecen en nuestra memoria a la sombra
en archivos con polvo.
Recuerdos de cera que cuando te das un respiro y repasas,
cobran vida, ritmo y color.
Suena música de fondo, y hasta puedes sentir a qué huelen.
Porque son recuerdos de fresa, o soleados, o azules, o de amor.
Respiras, sonríes y caes en la cuenta de que has vivido
algo más que noches de insomnio y responsabilidad.
Que has sentido algo más que decepción y fracaso o impotencia.
Que has soñado y reído tanto o más de lo que alcanzabas
pensar.
Y es que el tiempo pasa, pero no borra.
Sólo nos tomamos la desgraciada libertad
de archivar recuerdos lejanos, que tanto buenos
como malos, se dedican a acumular polvo.
Y se convierten en cera.
No son de cristal, porque no se rompen.
No son de piedra, porque no están muertos.
Simplemente se convierten en cera, para
permanecer imperturbables, y volver a fluir
cuando los recuerdes con el calor de tu ternura.
En ese momento, volverán a tener vida,
y te harán sonreír, alucinar y suspirar,
recordándote quién eres, y sobre todo,
quién has sido.
Porque has vivido,
aunque ahora sea cera.
martes, noviembre 11, 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)