Cierra los ojos.
Piensa que no hay nada que perturbe tu alma.
Abre los brazos y el corazón para poder
escucharte a ti mismo.
Respira hondo y siente tu esencia,
fresca, joven, libre.
Recuerda todos esos momentos en los que
te has parado en mitad de este mundo
mientras todos a tu alrededor seguían girando
y mirándoles has sido feliz.
Cierra los ojos y sueña.
Piensa en esa sensación de felicidad
que invade tu cuerpo, siente cómo un cosquilleo
recorre todos tus rincones.
Escucha cómo retumban en tu mente las risas que
te han hecho reír a ti también.
Observa las imágenes retenidas en tus pupilas,
aquellas que te han conmovido y te han emocionado.
Degusta en tu boca el sabor de todos los besos que te han dado y todos los que has robado.
Siente en tu piel los abrazos en los mejores momentos,´
las cómplices caricias, los roces accidentales
que dan escalofríos.
Cierra los ojos y piensa en eso.
¿No te sientes lleno?
La felicidad está tan dentro de nosotros
que a veces se nos olvida que no hay que buscarla.
Está ahí, en ellos, en ti.
Sólo recuerda, piensa, siente...
Cierra los ojos.
viernes, septiembre 12, 2008
martes, septiembre 09, 2008
Pesan las Horas
Horas y más horas entre la gente con una sola sensación.
¿Qué hacer?
Es simple, nada importa.
Lo bueno de estos casos es que no pesa la decisión, sea cual sea,
porque nada importa. No habrá cargo de conciencia,
pero van pesando las horas.
¿Qué hay de malo?
Nada que ganar, nada que perder...nada tiene importancia.
Es mi mundo, es mi cerebro, y la carga de estar rodeada de gente
y sentir que las horas pesan.
¿Me voy? ¿Me quedo?
Da igual, sé que haga lo que haga no ocurrirá nada,
porque a nadie le importa.
Aunque a mí sí, porque sí tengo conciencia y me pesan demasiado las horas.
No puedo estar aquí, porque me molesta estar entre tanta gente
y saber que en realidad no hay nadie más que tú y tu ignorancia,
que hace que los años pasen, las horas pesen y ya nada de lo que queda me importe.
Ni tú ni tu triste vida, porque a mí me parece triste,
como tu mirada.
Aunque ya no importa, y a mi juicio no tienes ningún valor.
Ni tú ni tus palabras, que se hacen pesadas como las horas,
que van sumando penas.
Tus penas, tus glorias amargas y tu triste voz,
cansada, sedienta de nuevas palabras que tengan algo mejor que decir que lo que en realidad sale por tu boca deshecha, convertida en agua salada.
Te pierdes en un mar que te inunda entre sollozos cansados, gastados, perdidos en el horizonte junto a tus alas rotas.
No quieres elegir tu propio camino, pero tampoco soportas
que los demás te dejemos atrás.
No quieres soñar con los ojos abiertos, pero tampoco aceptas
que los demás sí sepamos soñar.
El frío de tus labios contrasta demasiado con el calor de mis ojos,
y yo siento las horas demasiado pesadas y el corazón demasiado lleno como para escuchar y creer tus palabras cansadas.
Es demasiado tarde y ya pesan demasiado las horas.
Es demasiado tarde, te dejo aquí mi despedida.
¿Qué hacer?
Es simple, nada importa.
Lo bueno de estos casos es que no pesa la decisión, sea cual sea,
porque nada importa. No habrá cargo de conciencia,
pero van pesando las horas.
¿Qué hay de malo?
Nada que ganar, nada que perder...nada tiene importancia.
Es mi mundo, es mi cerebro, y la carga de estar rodeada de gente
y sentir que las horas pesan.
¿Me voy? ¿Me quedo?
Da igual, sé que haga lo que haga no ocurrirá nada,
porque a nadie le importa.
Aunque a mí sí, porque sí tengo conciencia y me pesan demasiado las horas.
No puedo estar aquí, porque me molesta estar entre tanta gente
y saber que en realidad no hay nadie más que tú y tu ignorancia,
que hace que los años pasen, las horas pesen y ya nada de lo que queda me importe.
Ni tú ni tu triste vida, porque a mí me parece triste,
como tu mirada.
Aunque ya no importa, y a mi juicio no tienes ningún valor.
Ni tú ni tus palabras, que se hacen pesadas como las horas,
que van sumando penas.
Tus penas, tus glorias amargas y tu triste voz,
cansada, sedienta de nuevas palabras que tengan algo mejor que decir que lo que en realidad sale por tu boca deshecha, convertida en agua salada.
Te pierdes en un mar que te inunda entre sollozos cansados, gastados, perdidos en el horizonte junto a tus alas rotas.
No quieres elegir tu propio camino, pero tampoco soportas
que los demás te dejemos atrás.
No quieres soñar con los ojos abiertos, pero tampoco aceptas
que los demás sí sepamos soñar.
El frío de tus labios contrasta demasiado con el calor de mis ojos,
y yo siento las horas demasiado pesadas y el corazón demasiado lleno como para escuchar y creer tus palabras cansadas.
Es demasiado tarde y ya pesan demasiado las horas.
Es demasiado tarde, te dejo aquí mi despedida.
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