No espero de ti la perfección.
Ni que cubras todas mis necesidades,
porque sé que tienes esperanzas y sueños propios.
No creo que darme todo lo que tienes
signifique ser pesado.
No pienso mal cuando admiras en
voz alta a tus seres más queridos.
No pongo en duda tu fuerza,
porque sé lo lejos que has llegado.
Pero tampoco espero que lleves tú toda la carga,
yo estoy aquí para llevarla contigo.
Te pediría que cuentes conmigo
como novia, como persona,
pero también como amiga.
Que puedas apreciar que estoy aquí
para reír juntos, pero también para llorar con fuerza
en los momentos duros.
Estoy aquí como apoyo o alegría.
Mis brazos te arroparán,
y te acariciarán mis manos.
Estoy aquí como compañera de viaje
en los sueños e ilusiones.
Como consuelo cuando necesites olvidar el
Mundo exterior.
Para animarte a llegar a lo más alto,
y para que no te hagas daño si caes abajo.
Porque tenerte junto a mi,
no es costumbre, es amor.
Sólo quiero que seas feliz y que cuentes conmigo.
Porque no quiero haber estado en tu vida
y que mi paso quede indiferente.
Quiero estar contigo.
Aquí y ahora.
Siempre que me necesites.
Siempre.
jueves, diciembre 22, 2005
domingo, diciembre 18, 2005
Voces
No sé si eran reales o simplemente rondaban mis pensamientos...
Eran susurros, muy lejanos, pero cálidos.
Palabras que erizaban mi piel y endulzaban mis oídos como una golosa melodía.
No sé si era tu voz, tal vez era la mía.
Pero sonaba bien. Sonaba muy bien.
Quedaba suspendida en el aire, flotando entre mis suspiros rotos por la desolación.
Otra voz interrumpía de nuevo mis rítmicos latidos.
Eran susurros, muy cercanos, pero fríos.
Más palabras, pero no sonaban con tu dulce melodía. Ni siquiera con la mía.
Esta vez no sé si pertenecían a mis pensamientos o simplemente eran reales.
Pero sonaban bien. Sonaban muy bien.
No sé qué decían, sólo me animaban a seguir respirando.
¿Estoy soñando?
No lo sé. No sé si eran voces reales, mientras soñaba con los ojos abiertos.
No sé si eran voces en mis pensamientos, mientras tenía los ojos cerrados.
Mientras mi corazón seguía latiendo.
Cómo saber...sólo eran voces. Tuyas, mías...nuestras y de ninguno de los dos.
Ahora creo que eran de otros, que nos habían robado la razón.
Al menos a mí me la robaron.
Se la di por no perder el corazón. Querían llevárselo con aquellas palabras, dulce melodía y sangre fría. Mucha sangre fría.
Se la llevaron por no irse sin nada, porque yo ya no tengo corazón.
Late en mi pecho, pero vive en tu cajón.
Voces que se temían lo peor, temían no ser escuchadas, temían que mis oídos tupidos no escuchasen su canción.
Y se marcharon desoladas, porque yo las oía, pero nunca supe qué decían.
No sabía si eran reales, no sabía si existían.
No sabía si era tu voz, nunca supe si era la mía.
Voces que me llenan y me vacían.
Dulces motivos que entonan mis sueños y mi vida.
Eran susurros, muy lejanos, pero cálidos.
Palabras que erizaban mi piel y endulzaban mis oídos como una golosa melodía.
No sé si era tu voz, tal vez era la mía.
Pero sonaba bien. Sonaba muy bien.
Quedaba suspendida en el aire, flotando entre mis suspiros rotos por la desolación.
Otra voz interrumpía de nuevo mis rítmicos latidos.
Eran susurros, muy cercanos, pero fríos.
Más palabras, pero no sonaban con tu dulce melodía. Ni siquiera con la mía.
Esta vez no sé si pertenecían a mis pensamientos o simplemente eran reales.
Pero sonaban bien. Sonaban muy bien.
No sé qué decían, sólo me animaban a seguir respirando.
¿Estoy soñando?
No lo sé. No sé si eran voces reales, mientras soñaba con los ojos abiertos.
No sé si eran voces en mis pensamientos, mientras tenía los ojos cerrados.
Mientras mi corazón seguía latiendo.
Cómo saber...sólo eran voces. Tuyas, mías...nuestras y de ninguno de los dos.
Ahora creo que eran de otros, que nos habían robado la razón.
Al menos a mí me la robaron.
Se la di por no perder el corazón. Querían llevárselo con aquellas palabras, dulce melodía y sangre fría. Mucha sangre fría.
Se la llevaron por no irse sin nada, porque yo ya no tengo corazón.
Late en mi pecho, pero vive en tu cajón.
Voces que se temían lo peor, temían no ser escuchadas, temían que mis oídos tupidos no escuchasen su canción.
Y se marcharon desoladas, porque yo las oía, pero nunca supe qué decían.
No sabía si eran reales, no sabía si existían.
No sabía si era tu voz, nunca supe si era la mía.
Voces que me llenan y me vacían.
Dulces motivos que entonan mis sueños y mi vida.
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