miércoles, noviembre 30, 2005

Ponme Un Café

Me levanto, miro por la ventana y las calles ya están puestas.
Buenos días por la mañana, empezamos otra vez.

El mismo trayecto, la misma gente, el mismo bar.
Tengo tanto sueño como de costumbre, a penas ha comenzado el día, y yo ya tengo ganas de acabar.

Ponme un café, necesito despertar.

Y las mismas palabras un día tras otro:
- Hola, un café con leche.
- ¿Café con qué?
- Con leche
- Marchando el “café con qué”
- Gracias
- ¡Las que tú tienes!

No entiendo a estos camareros, siempre la misma gracia. Pero siempre con una enorme sonrisa que casi te obliga a sonreír, y de pronto, el día empieza a tener color.

Me parecía una tontería, pero sin embargo, si ahora no me tomo el café de las 8:23, ya no empiezo el día con el mismo pie.

Hoy tengo un día horrible, las cosas no me están yendo tan bien. Será mejor que me dé prisa, necesito mi “café con qué”.

Es este camarero, que siempre tiene tan buen humor!!
Admiro su “buen despertar” y sus palabras de ánimo.
Se ha convertido en mi pequeño consuelo, mi primera sonrisa del día siempre sale de este bar.

Ya son varias noches sin dormir, vueltas y más vueltas, con mi cerebro entre las sábanas.
El cansancio es un suma y sigue que me empieza a desgastar.

Ponme un café, necesito despertar.

Escribo. Un folio tras otro. Será porque ya tengo aquí mi “café con qué”.
Ahí fuera hace frío, con mi café caliente estoy muy bien.

Hoy ya no tengo ganas de nada, ni la sonrisa me has sacado esta vez. Como ahí fuera hace frío, me quedo, así que...

Ponme otro café.

jueves, noviembre 24, 2005

<< Gracias >>

Una lluvia de pensamientos satura mi mano y traiciona a mi tinta.
Quiero expresar demasiadas cosas en este papel, y no sé cómo plasmarlo.

Me gustaría explicar todo lo que siento.
Es una mezcla de orgullo, alegría, cariño y una gran dosis de satisfacción.

No importa desde cuándo, ni cómo, ni siquiera dónde, porque con cada uno fue en un sitio, o de una forma diferente. Pero siempre, muy especial.

Enriquecéis mi vida, la llenáis de inspiración.
Por vosotros escribo, por vosotros siento, por vosotros soy.
Me enseñáis cosas cada día, y cada día merece la pena a vuestro lado.

No sería capaz de dirigirme a cada uno por separado, porque aún no he encontrado en ningún tipo de diccionario los adjetivos perfectos para definir lo que me hacéis sentir.

Por eso, lo único que cabe en este papel arrugado, es agradecimiento.

Gracias, a todos y cada uno de vosotros, aquellos que me calificáis con adjetivos que consiguen llenar mis ojos de lágrimas perfectas, adjetivos que ponen mi piel de gallina, y que hacen a mi corazón bombear cada día con más fuerza.

Gracias por hacer que todo, a vuestro lado, merezca la pena.
Gracias por demostrar que vuestro cariño y apoyo son de verdad.
Gracias por todos los momentos vividos; los buenos, con vosotros son muy buenos, pero los malos, son incluso mejor.

Gracias por el apoyo incondicional, por la confianza y el respeto.
Por todas las risas, las prisas, las lágrimas derramadas en vuestros hombros, los buenos consejos y el sentido común.
Por quererme como soy, y por intentar comprender mis alocados pensamientos.

Porque no soy así, me hacéis vosotros día a día.

Puedo parecer fuerte, pero sin vosotros soy frágil;
Puedo parecer alegre, pero sin vosotros, la tristeza lo sería todo en mí.
Tengo ganas de vivir, y soy feliz, porque estáis aquí. Conmigo, a mi lado.

Puede que no hablemos siempre, que no nos veamos demasiado, o incluso que algunos de vosotros hayáis tomado rumbos diferentes al mío.
Pero yo soy incapaz de olvidaros, y esté donde esté, os llevo conmigo.

No existirían esa locura, esa alegría, esas ganas de vivir que me caracterizan...si no fuese por vosotros que las alimentáis.

Y un día descubrí, que todo eso en lo que pienso, sentimientos y agradecimiento, tiene una palabra que define lo que me dais:

Amistad

miércoles, noviembre 23, 2005

Flores Rotas

Sé que teníamos trabajo que hacer,
aunque yo sólo recuerdo nuestros gestos.

Sé que había una comida que me hizo descubrir mundos diferentes,
pero yo sólo recuerdo nuestras palabras.

Sé que hubo una película,
pero sólo recuerdo nuestras miradas.

Sé que hubo un camino de vuelta,
pero yo sólo recuerdo nuestras risas.

Porque me gusta tu mirada.

Y al recordarla, sonreí.

Unas flores rotas que no supe comprender. Y ahora recuerdo, que lo único que comprendí fue que no tengo pasado.

lunes, noviembre 14, 2005

Sillas Vacías

Estaba allí, sentada y muy desconcertada.
No paraba de preguntarse qué se supone que hay que hacer en estos casos, aunque sabía que, por muchas veces que se hiciera la pregunta...no iba a obtener respuesta.

Todos los que pasaban por su lado parecían muy seguros de sí mismos, con un rumbo fijo, con los pies en la Tierra, con...con todo aquello de lo que ella carecía.

Y a su alrededor, sólo sillas vacías.

Aquello la aterraba, sentía la soledad demasiado cerca.
Sonó el teléfono, y se le oía contar los sentimientos en voz alta.
Voz quebrada y corazón al descubierto, sin miedo a perder nada, porque ya no había nada que perder.

En su cabeza, la letra de una canción que le recordaba aquello que él nunca le hizo sentir.
Y mientras tanto...sólo sillas vacías.

No baciló, a penas se escuchó ningún suspiro. Sólo el segundero de su reloj, que retumbaba entre las cuatro paredes de la sala, porque sólo le rodeaban sillas vacías.

Mirada fija y lágrimas al límite, en sus párpados, como esa pequeña piedra en el borde del abismo.

Tampoco le importaba, ya que nadie la vería. Se sentiría observada, arropada y consolada únicamente por un puñado de sillas vacías.

Y todos aquellos sentimientos, eran sólo el reflejo de un deseo. El deseo de que, al menos la silla más cercana, hubiese estado ocupada.

lunes, noviembre 07, 2005

Dame Un Minuto

Nunca te ha pasado que dirías tantas cosas...que al final no sabes qué decir?

Más o menos eso me pasa a mi cuando te siento cerca.
Pero ni siquiera eso te diré.

Te diría tantas cosas, que terminar...me costaría días. Te diría tantas y tantas que al final me quedaría vacía.

Porque cuando doy el primer paso ya no puedo parar. Las primeras palabras, muy susurradas, contrastarían con las últimas, que mi garganta expulsaría con gritos, tal vez, acompañados de alguna lágrima.

No por cansancio, sino por impotencia y desesperación.
Porque duele tenerte al lado y sentirte tan lejano.
Porque me entra vértigo si rozo tu mano, incluso cuando leo tus labios.

Mis suspiros rasgados ya no pueden salir, mi garganta y mis pulmones empiezan a morir. Gran silencio que invade mis sentidos y mi amor por ti.

Un silencio más molesto que el ruido.
Un amor más molesto que el dolor.

Amor creado por una ilusión. La ilusión de poder dormir en tu regazo, aunque sólo sea por un minuto. Sólo un minuto.

No quiero tus labios. Sí los quiero pero no los tengo. Sí los tengo, pero no los quiero.
No quiero tus labios. Quiero tu regazo para poder dormir. Aunque sólo sea un minuto.

En ese minuto yo me dormiré. Y soñaré noches estrelladas, días que no acaban, y en todos ellos, poder tocar tu cara.
En ese minuto soñaré sueños dorados, se juntarán en ellos nuestros labios y amaneceremos acurrucados. Juntos, muy juntos. Y despertaré.

Porque podría soñar más cosas. Soñaría miles de cosas....Contigo.
Pero sólo es un minuto.

viernes, noviembre 04, 2005

Fín De Trayecto

El ser humano: Curioso animal que siente, razona, se comunica...y yo que sé cuántas cosas más.
Parece que estamos todos locos. Cada uno de nosotros tenemos nuestra forma de ser, de pensar, de comportarnos, maneras de afrontar la vida...tantas y tantas posibilidades que me mareo.

Y en este gran mundo, cada uno tiene su propio mundo a parte. Miles de millones de mundos pequeñitos dentro de uno común que, pase lo que pase, no deja de girar.

Vueltas y más vueltas, medidas por el tiempo y el espacio, valoradas por cada uno de los que vamos montados en esta enorme noria en el viaje de la vida.
Unas veces lo valoramos como si fuese oro; otras, lo que más nos apetece es desperdiciarlo.
¿Sentido común? Yo no sé qué es eso.

Todo depende del color del cristal con que se mira, o eso dijo alguien una vez (y yo lo apoyo).
- Lo "normal" -me decía ella.
- ¿Lo normal para quién? ¿Lo normal para ti? ¿lo normal para mí?
- "Lo que hacen todos", solemos suponer

Quizá sea eso lo que me hace tener unas ganas desenfrenadas de ser "anormal" en el mejor sentido de la palabra. Porque las cosas, la esencia de la vida, pierden toda su gracia cuando se convierten en "lo normal", eso que hacen todos.

Cada uno es como es, con sus defectos, sus virtudes, todo lo bueno, lo malo, lo orignal en su más pura esencia.
Ser completamente libre, apreciar las cosas en cada momento de nuestra corta pero intensa vida.

Sentir que tengo alas para poder volar, alzar el vuelo y viajar rozando el cielo, acariciando el suelo... Sentarme en la luna a esperar que salga el sol, y disfrutar un nuevo día pensando en lo que me deparará el futuro, que se va convirtiendo en presente, para formar rápidamente parte del pasado.

Mi pasado, mi presente, mi futuro, mi tiempo, mi espacio...todo en mi pequeño mundo.
Un mundo que sale de la nada y que, poco a poco, va formando un todo.
Un mundo que me hace pensar, y ver que, aunque no tengo todo lo que quiero, sí quiero todo lo que tengo.
Ver que no hay que esperar a mañana, pero tampoco tener demasiada prisa por hacer algo hoy.

Saborear cada paso que doy, tanto los buenos como los malos. Incluso sentir a fondo los malos, para luego poder apreciar mejor los buenos.

Porque algún día, ese "todo" se convertirá en "nada", desaparecerá todo lo que tengo, lo que siento, lo que soy.
Por eso sé y siento que lo tengo que disfrutar. Que lo pueda compartir; que mi mundo se junte con el tuyo, que se haga nuestro.

Pero también sentir que es para mí, y saber que cuando yo me marche, se irá conmigo; pensar que, cuando llegue el día en que nos vayamos, cuando dejemos atrás el Mundo original, sea porque lo hemos desgastado, de tanto usarlo.